Te despiertas en una cama
que huele a heces y no son tuyas.
No puedes respirar bien.
Otros cuerpos, secos, ásperos,
duermen junto a ti.
Te medioyergues.
La nariz te silba seca y sorda,
pegoteada en blanco y rosa.
Estás sudando.
Un ritmo sórdido permanece
las paredes de tu cráneo
crec-crec, crec-crec.
Empujas, te empujan,
alientos negros te insultan,
y te intentan besar
lenguas ásperas de vino.
Sales de la cama,
fútil erección querido,
y los insectos crujen bajo tus pies,
entre tus dedos escapan,
explotan en pus contra tus plantas.
Te acercas a la ventana.
imposible ver día o noche.
La pestilencia te gana,
vomitas contra tus pies y así limpias
los bichos, que celebran eufóricos
la nueva comida.
Te sientas, esperas,
no hay puerta ni nada ahí fuera.
Sólo cuerpos y mierda y potas
que anidan en las esquinas.
Ymientras vuelves a potar,
qué cojones pasó ayer,
no te atreves siquiera…
que la nueva rutina
sólo acaba de comenzar.
Defecas sobre tus piernas,
esperando encontrar ahí
una respuesta.
Pero nada.
Las heces resbalando
y luego
nada.


La idea es escarbarse por dentro buscando respuestas… echando afuera, suele uno cagarla mas.
Agur*
por Petit lièvre — 18 December, 2008 @ 1:08 am