De repente, una sonrisa enorme y unas botas marmóreas interminables me pasaron un porro. Devolví la sonrisa y para cuando fui a abrir la boca se habían esfumado. Localicé el objetivo al instante, pero no fui correspondido visualmente. Bailaba de una manera que empezó a embrujarme peligrosamente. No podía quitarle la mirada de encima. Las botas hasta la rodilla dejaban paso a unas piernas que imaginé marmóreas y suaves. Los muslos tersos me condujeron inevitablemente a la bonita falda. De un rápido vistazo, examiné su rostro y vi cómo se reía y golpeaba a una amiga. La amiga tampoco estaba mal. El grupo entero no estaba nada mal.
Volví al barreño y trasegué unos cuantos vasos de sangría más. Cada vez me sabía mejor. Busqué a alguien para rularle el porro pero no vi a nadie a mi alrededor. Detecté a alguien en un tresillo a mi derecha y cuando me dirigía hacia él observé que se trataba de mi viejo amigo el ideólogo musical. Como un flash, una gran idea cruzó mi cerebro. Pastillas.
El tío estaba apoyado sobre el respaldo del sofá mirando al techo. Mejor dicho, descansaba con los ojos cerrados, pero no estaba despatarrado. Guardaba una extraña compostura que no encajaba con su cara afilada y sudorosa. Vacilé sobre si alterar su trance o no. Me senté al lado y dejé que el humo del porro se colara por sus fosas. Tardó un poco, pero al final abrió un ojo y me miró. Sonreímos y le grité en la oreja a ver si me vendía alguna pastilla. Cerró los ojos, negando y sonriendo. Insistí. Abrió el ojo otra vez y cogió el porro. Fumó con ansia y se reincorporó un poco. Volví a decirle que me vendiera alguna, pero me contestó que no tenía ya casi, que lo sentía. Me recosté y bebí un buen trago del vaso. Entonces él abrió fuego:
-Buena música, ¿eh? La he puesto yo, es una cinta que me acaban de pasar de un garito guapo, el One More, ¿lo conoces? ¿No?, pues está de puta madre tío, está por la Cuenta, ahí, justo al lado de esa tienda de ropa, como es llama… joder ésta tan grande que hace esquina ahí con… bueno es igual. Pues el garito es guapo, tío, pincha un tal DJ Reptor que es cojonundo, yo últimamente no salgo de allí, es la hostia…
Desconecté. No podía seguir tanto rollo. Después de un tiempo que no pude medir, el tipo soltó un enorme bufido y se paró a coger aire. Mi oreja había sufrido un terrible calentón. Naturalmente, no le dejé volver a empezar y le ofrecí ir al baño a meternos una raya. Había tenido en cuenta la posibilidad de que el tío se convirtiera en un maníaco comeorejas, pero yo la necesitaba más que nunca. Podría tumbarme con otra ofensiva como ésa…


me mola el Dj Reptor.
por Jts — 29 October, 2008 @ 12:53 am
Mucho, muy y mas de lo bueno ;))
por Petit lièvre — 18 December, 2008 @ 1:23 am