17 Junio, 2008

Sanavabech (II)

Al día siguiente no pasó nada.

Al otro soñó sin recordar nada y se despertó mucho antes de lo normal. La casa entera se movía, y esta vez sí que era realidad. La impresión ventral hizo entonar un agudo Si b a Petite Lièvre, mientras su minúscula casa era lanzada sin control hacia arriba.

Luego la vio. Una enorme rama creciente había inundado su habitación y la propulsaba hacia el cielo. Cuando el ascenso se detuvo, ella salió despedida de la cama y cayó al suelo inclinado. Después probó el sabor de una pared y la dureza de un cuadro en la cabeza.

Se sentó en una esquina y reflexionó. Luego reptó hacia la parte alta y trepó hasta la ventana. El vértigo le puso los ojos en blanco. Respiró hondo y consiguió ver, allá tan abajo, su pequeño ala-de-mosca delta.

Ni corta ni perezosa, se despeinó un poco más, se calzó sus zapatillas verdes de la suerte y salió a la rama. Avanzó como pudo a horcajadas hasta que vio una gran manzana roja que lloraba. Se autobalanceaba con violencia.

-¡Porca miseria! ¡Saltaré al vacío y me condenaré a zumo de tercera clase!

Cuando Petite Lièvre se acercó para consolarle, un rápido, fino y blanco gusano emergió de la manzana y por arte de birilibirloque se coló por el oído de la niña. Visto y no visto.

Y por mucha negociación que se intentó, no salió de allí.

 

1 Comentario »

  1. ufffffffffffffff!!!!!!!!!!!!!!!!

    Sólo decir:

    Vértigo

    más

    cosquillas….

    USTED…

    Me li-qui-dó

    Muuássssssssss

    por Petite Lièvre — 17 June, 2008 @ 10:53 pm



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.

ecoestadistica.com