Antes de tocar el pesado y mohoso cortinaje, contengo la respiración. Hundo la mano, lo muevo. Miro.
Nada. No ha pasado nada. Suelto el aire, el corazón me late violentamente en la garganta.
Salto a preparar su comida, y hasta que no la dejo y le devuelvo la oscuridad no noto cómo el corazón abandona la tráquea y, resbalando suavemente, vuelve a colocarse en su sitio.


Escalofríos… luego dan ganas de que el corazón sea móvil.
Besos
por Petit lièvre — 28 May, 2008 @ 12:04 am
tal vez sea sólo el principio de otra historia, la del corazón que no podía estarse quieto en su sitio…
ud inspirando, como siempre.
por dimitri — 28 May, 2008 @ 10:43 am