Es siempre lo mismo.
Después de las caricias, de la carne tersa. Después de la trémula luz, el sudor, los ojos cerrados. Después de una noche, una mañana interminable. Después de los gritos y los arañazos.
Después eres tú quien me muerde, me desgarra, me disuelve en su estómago.
Nostalgia caníbal.
Después del minucioso desollamiento. Después de cada pequeño corte, cada paquete clasificado en la nevera. Después de cada receta, de mi erección bajo el delantal mientras frío tu carne.
Después de chupar cada uno de tus huesos no queda nada. Tan sólo salir en busca de otros bellos ojos que masticar en silencio…
Dedicado a quien lo inspiró, por tus imágenes y tu constancia.
Antes de tocar el pesado y mohoso cortinaje, contengo la respiración. Hundo la mano, lo muevo. Miro.
Nada. No ha pasado nada. Suelto el aire, el corazón me late violentamente en la garganta.
Salto a preparar su comida, y hasta que no la dejo y le devuelvo la oscuridad no noto cómo el corazón abandona la tráquea y, resbalando suavemente, vuelve a colocarse en su sitio.
De todos los errores que pudo cometer mientras se dirigía al lavabo, eligió colarse en la cocina y, absurdamente, abrir el frigorífico. Allí lo vio todo, que era nada: un inmaculado vacío blanco y una surtida variedad de salsas.
Lo demás, un tornado cerebral en el baño y un fundido a blanco baldosa. Ya en el sótano, inconsciente, no pudo sentir cómo era firmemente atado a la mesa mugrienta de sangre seca. Ni el estudiado tajo letal.
Nunca hubiera podido imaginar las horas de diversión que su cadáver le proporcionó. Los jadeos, los bailes, el chapoteo en sagre y vísceras. Los orgasmos entre aullidos.
En el fondo, tampoco podía quejarse: su carne de chapero sirvió de alimento durante tres semanas al mismísimo Jeffrey Dahmer.
Abro el libro
Paso la mano sobre sus hojas suaves
La letra es pequeña, minúscula
No puedo leerla
Miro una foto, un dibujo
Me transporta a cómics,
Al armario de mi hermano
Tantos
Años
Atrás
Paso páginas
Acaricio
Acaricio
Miro otros dibujos
Un niño que mira una roca
Un infinito desierto
Desierto
Quieto
Noto el sol
Mi pelo, mi cabeza
Arden
Miro las fotos, los dibujos
Algo se mueve
Arde
El sol
Las fotos se mezclan
Los dibujos se mueven
Miro al niño en la roca
Él mira al horizonte
Y a la roca
Y yo
Entonces el movimiento
El cielo cambia de color
Se mueve, entra en la tierra
El desierto en el cielo
Colores, formas
Estampados en movimiento
Peces, ojos que parpadean
Zapatos
Arañas
Todo viene hacia mí
Hacia la piedra
Miro la piedra y miro al horizonte
Y siento que se acaba
Que el libro se cierra
Que nada espera
Miro
Nada
-Mamá, ellas dicen que soy rara.
Ella no contesta y acaricia dulcemente las vértebras gelatinosas de su exoespina dorsal hasta que se queda dormida.
Dedicado a matamala.
-¿Crees que hay algo más allá de la muerte?
-…
En ese instante fueron reclamados, junto con algunos más, y elevados a lo más alto. Tras un tiempo de gloria, el vacío y la caída sobre las aguas hirvientes.
Ellos pensaron el almas gimiendo en el infierno.
Él ni pensó en aquellos dos granos de sal que parecían gritar mientras caían sobre el burbujeante potaje.