Me excito ante la visión, el pus vuelve a emerger. Una blande una lata abierta que ya ha rajado una pierna de la otra. Una pequeña navaja roñosa hace frente a la lata goteante de sangre. El público en corro mira y babea en silencio. Hay un acuerdo, no es un juego y mientras el dinero siga cayendo entre ellas nadie va a parar. Y el público quiere más sangre, más tajos, incluso una muerte a plena luz del día. Navaja, lata sangrante. Sudor, pómulos hinchados, carne y sangre. Es todo lo que necesitamos para seguir ahí.
La navaja roza el cuello y desfigura la cara. Destello de quijada bajo el sol. Carne colgante, una mano menos. Sangre a borbotones que escapa entre los dedos. Promete, promete, pero un grito rompe el silencio. El idiota recibe las miradas aceradas sin poder esconder su culpa ni su erección. Los mossos se acercan, el círculo se abre, la sangre queda como única prueba. Ellas se reparten el botín.
El pus y yo seguimos rambla abajo. Definitivamente, me gusta el encanto de esta ciudad…

No me gusta nada, será que no lo entendí lo siento. No veo al idiota por ninguna parte, veo algo natural, físico. No siento la necesidad de que se derrame sangre, sudor y carne claro, pero flagelarse.
por anonimo — 17 April, 2008 @ 12:44 am
y la ciudad era encantadora cuando llovía, pero si cambiamos espejos por acero, uff. Lo dicho, disculpa, no lo entendí
por anonimo — 17 April, 2008 @ 12:45 am
Felicidades Dimitri doblemente, aunque falta la tercera y última parte.
por M. Obsoletez — 17 April, 2008 @ 11:18 pm
Querida anonimo, me gusta que no te guste. No creo que sea demasiado críptico para vuesa merced, a estas alturas de la guerra…
Obsoletez! Rebienvenido. Debido a que aqueste cuento es la semilla para un corto de una amiga, basado en algo que ella misma videó en la Rambla barcelonética, no habrá -por ahora- tercera parte. Aunque reconozco que el final está un poco precipitado… Y gracias. :)
por Dimitrian — 21 April, 2008 @ 8:59 am