28 Abril, 2008

Ídolo

Le subieron allí arriba, tan alto, entre vítores y aplausos. Él se dejó hacer y posó orgulloso sobre todas las cosas. Vosotros, seres minúsculos a los pies de mi pedestal.

Al poco se sintió solo. Ni un mísero aplauso que comer. Sólo el eco contestaba a sus gritos, luego lloros. Intentó bajar pero no pudo, suicidarse pero nada.

Mucho después lo encontraron, muerto de orgullo sobre su pedestal, y le dedicaron una respetuosa y cerrada ovación.

 

22 Abril, 2008

Suicidio

He ganado la cornisa, he mirado abajo. He cerrado los ojos.

Salto. Hay mucha altura y la caída no es como esperaba. Ni películas de mi vida, ni paros cardíacos, ni siquiera un triste fundido a la nada.

Sólo un plof y ahí me quedo, en una postura imposible contra el suelo, mientras puedo seguir sintiendo. Oyendo que aún nadie viene. Y sólo me queda esperar…

Pasan minutos, horas hasta que llega. Mi salvador. Por favor, no. No lo hagas. Pero me recoge y me vuelve a subir, me coloca entre los otros, una vez más, y yo grito pero él no escucha, me desgañito en silencio con cada palabra de mis 147 páginas aún vírgenes.

Pero como cada vez, él parece no oír nada.

 

21 Abril, 2008

Mathias tiene nuevo número

Cuando se le cayeron por séptima vez, decidió salir a tomar un poco el aire. Ahí estaba, como siempre, el leve rumor nocturno de los carromatos: los ronroneos de Murielle, la música ratonera de Othon, la lujuria rítmica de las siamesas…

Lo sabía, estaba a punto de perder el número. Un error más y sería relegado a cuidar a los animales. Pasaría las tardes conversando con Etien, acariciando el lomo de Feneste, despiojando a Bud. Chasqueó los dientes y abandonó el poblado.

Al rayar el alba, volvía a su carromato con la certeza de que algo había cambiado. Un par de ensayos y alehop, volvía a sonreír.

Nunca diría dónde los había conseguido. Al día siguiente presentaría a Max su nuevo número de malabares y le convencería. Satisfecho, los colocó en fila. Uno dos tres cuatro cinco. Y pensó que tal vez sería más impactante, más circense, si pintaba las uñas. De un color vistoso pero a la vez moderno, nada de horteradas.

Decidió que era una buena idea y se fue a dormir plácidamente.

 

14 Abril, 2008

Pus (y II)

Me excito ante la visión, el pus vuelve a emerger. Una blande una lata abierta que ya ha rajado una pierna de la otra. Una pequeña navaja roñosa hace frente a la lata goteante de sangre. El público en corro mira y babea en silencio. Hay un acuerdo, no es un juego y mientras el dinero siga cayendo entre ellas nadie va a parar. Y el público quiere más sangre, más tajos, incluso una muerte a plena luz del día. Navaja, lata sangrante. Sudor, pómulos hinchados, carne y sangre. Es todo lo que necesitamos para seguir ahí.

La navaja roza el cuello y desfigura la cara. Destello de quijada bajo el sol. Carne colgante, una mano menos. Sangre a borbotones que escapa entre los dedos. Promete, promete, pero un grito rompe el silencio. El idiota recibe las miradas aceradas sin poder esconder su culpa ni su erección. Los mossos se acercan, el círculo se abre, la sangre queda como única prueba. Ellas se reparten el botín.

El pus y yo seguimos rambla abajo. Definitivamente, me gusta el encanto de esta ciudad…

 

4 Abril, 2008

Pus

Noto la gota, densa, caliente, luego veo cómo empapa la venda. Más pus, la señorita no quiere dejar de supurar. De perdidos al río, me levanto y empiezo a cojear sobre las muletas mientras el tobillo arde en re menor. Llegaré tarde pero no tanto.

Supuro y avanzo metro a metro rambla abajo. Es un retablo mutante de caras, bigotes sudorosos, zapatos, miradas, mossos atentos, turistas, niños, gritos, putas, skaters y ese sol. Sobre todo ese solazo.

Sigo bajando pus a pus. Veo el corro de gente, me acerco, intento ver algo. Las caras morbosas que se relamen aseguran algo decente. Me abro paso a muletazos hasta la primera fila.

Ha merecido la pena. Lo más extraño es el silencio. Casi nunca sangre y silencio van juntos…

[tobecontinued]

 

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