28 Marzo, 2008

Primera cita

-Una vez, de pequeño, me levanté de la cama a las tantas para cazar un mosquito que no me dejaba dormir. Pero no quería matarle, quería torturarle.

Ella emitió un gemido bajo la mordaza y movió los ojos desesperadamente. Mucho más no podía mover.

-¿Crees que eso me convierte en un psicópata?

Nada. No entendía que tenía que responder con la cabeza, pero pronto aprendería las reglas del juego.

Cuando volví de la cocina con el soplete de llama regulable, empezó a revolverse y a hacer ruido. ¿Tanto le interesaba el desenlace de la historia del mosquito?

Subí la música, me arrodillé junto a ella, me recoloqué las gafas y encendí el soplete al 1.

 

24 Marzo, 2008

Dánae

Dánae no puede. No puede levantarse de su poltrona de Ikea, salir de ese atardecer de sueño que ella pinta de otros colores, tan lejanos. Esperando que caiga la ansiada lluvia dorada que empape su ropa, sus bragas, su pelo.

Pero hoy tampoco habrá lluvia dorada para Dánae. Si quiere lluvia dorada tendrá que orinarse encima otra vez.

 

18 Marzo, 2008

Inconfesión

¡Oh, Marcos! Mira cómo se muestra ante ti el fruto de vuestro trabajado amor. Mira cómo una pequeña cosa, esa cosita que todo el mundo ahora querrá ver y tener en brazos, descansa inmóvil en tus brazos. Tan relajada y ausente. Pero mira, Marcos, sobre todo mira y siente la mirada de tu querida mujer, exhausta, el pelo revuelto y toda esa tripa todavía. Ella te mira con amor. Tu haces lo propio. Pero además, TIENES que mirar con amor a la cosita. A vuestra cosita.

Puedes estar contento, Marcos. El parto no ha sido duro. Ella no ha sufrido mucho, así que tú no has sufrido mucho. Has avisado a familiares y amigos de que todo ha ido correctamente. Tienes una cifra en gramos y ahora la tienes en brazos. Todos esos gramos son para ti. Para vosotros.

Pero Marcos, ¿qué pasa? ¿Por qué sientes esa presión en el pecho? ¡Recházala! No vayas a despertar a la cosita con tu agitada respiración. Todo eso, toda esa mierda que te han dicho y no sabes si creer pero te asusta, se agolpa ahora en tu cabeza aturullada por la falta de sueño y la tensión pre-parto. ¿Y si todo es verdad? Se acabaron las juergas, se acabó el dormir a pierna suelta. Olvídate de todas tus aficiones, no vas a tener tiempo para nada. Todo tu tiempo y todo tu dinero será para tu familia, para esa familia feliz que hoy ha dado un paso tan importante.

Bah, no pienses en eso. Respira hondo. Abre los ojos y disfruta de la bella estampa familiar, del milagro de la vida. ¡Era una tripita y ahora es una preciosa niña! ¿Se puede imaginar algo mejor? Ahora seréis una familia feliz. El trío perpetuo, siempre juntos, riendo, viéndola crecer, llorando juntos, paseando por el parque, cambiando pañales y comprando todo lo que la pequeña cosita necesite.

¡Pero Marcos! ¿Otra vez? ¡Quítate eso de la cabeza! Ese pensamiento no tiene cabida en una familia feliz. ¿Cómo vas a construir así un hogar de amor y felicidad? ¡Tira ese pensamiento a la basura ahora mismo! O al menos, no lo digas nunca delante de tu mujer. Ella jamás de los jamases lo entendería.

Es el fruto de nuestro amor, Marcos. Es que no tienes corazón.

Tal vez haya sido demasiado pronto.
Tal vez haya sido demasiado pronto.
Somos demasiado jóvenes.
Tal vez no estemos preparados.

Ojalá no hubiera nacido.
Ojalá no hubiera nacido todavía.

 

16 Marzo, 2008

La ooteca de Doña Rugélida

Era su sitio y era el mejor sitio. Todo lo que recordaba de vida lo había pasado allí. En ese rincón oscuro y húmedo, nunca molestado por escoba alguna y sin apenas visitas de amenazadores pies.

Doña Rugélida reposaba ufana, disfrutando del momento, a pocos centímetros de su ooteca. Acababa de parir y se sentía bien: la maternidad siempre dignifica. Pero cuando oyó aquel familiar ruido, no pudo evitar que un ligero temblor se instalara en todas sus patas.

Lo vio caer a cámara lenta, imagen divina, maná en tiempos de cólera; rebotar grácilmente contra el suelo mugriento y quedarse en una insinuante postura, mostrándole impúdicamente su zona más secreta, esa nalga rosada de soñada textura. Doña Rugélida sintió un escalofrío. Era el corcho de vino más guapo que había visto en su vida.

La Doña se estiró, lució un poco de patas y oteó el microhorizonte. Antenas amenazantes vigilaban, salían de sus escondrijos. Era ahora o nunca.

Cucaracheó hasta él y ¡oh! De cerca era aún muuuuuucho más bello. Y esa personalidad todavía tan olorosa. Estremecida, Doña Rugélida se acercó y se pavoneó sin miramientos. El corcho se azoró. Acababa de salir de la botella, no sabía nada de la vida…

En pocos segundos, y ante la mirada envidiosa de otras habitantes de la bodega, Doña Rugélida hundía su boca en las maravillosas carnes humedecidas por el vino. Se excitó, se elevó sobre los cuartos traseros, mordisqueó las nalgas enloquecida y finalmente entró en éxtasis.

Sus gritos pudieron escucharse en todo el suelo bodeguil. Fue uno de los mayores orgasmos cucarachescos jamás contados. Después, jadeante, dijo unas palabras de amor al oído del corcho y sopesó la idea de salir en busca de una buena colilla que rematara la faena.

Entonces se acordó. No. La ooteca. Mis pobres niños. Corrió y corrió pero no llegó más que para ver cómo el zancudo arácnido abandonaba el lugar del crimen, limpiándose la boca con una servilleta y guiñándole un ojo.

No hubo ni un solo superviviente a la masacre.

 

12 Marzo, 2008

Picor (y IV)

Él murió y él murió.

 

10 Marzo, 2008

Picor (III)

Él quiere que le cuente su vida.

Intenta mirar hacia otro lado, pero enseguida comprende que él tiene todo el tiempo del mundo para esperar. Entonces le habla del despertador, del baño gélido, de la ducha, la cortina sucia por abajo. Del café negro. De la calle, el metro y su olores, esos perfumes, esas axilas anegadas. Del mareo, de toda esa gente en las escaleras.

Le habla luego del suelo del ascensor. De los saludos leves o ni eso, de su mesa, de lo que hace mientras se supone que hace. Del ordenador, el buscaminas, el porno, las tetas de Sonia con las que sueña, se masturba a veces.

Le dice que la vuelta es parecida, que todos más cansados, incluso el propio metro parece rechinar más. Que a casa, que nada, que la tele le hace compañía…

 
Él está entonces un buen rato sin responder nada.

 

5 Marzo, 2008

Picor (II)

-¿Y qué haces ahí?
-No sé, acabo de nacer, como quien dice.
-¿Dentro de mi cráneo?
-Así lo parece.
-…

 

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