29 Enero, 2008

Boa

-¿De verdad piensas que el frenesí es el mejor antídoto contra el aburrimiento? –le dijo su boa favorita mientras se retrepaba por su cuello, haciéndole cosquillas con sus suaves plumas negras y verdes.

Ella fingió que no había oído nada y se zambulló en la palpitante y nebulosa multitud.

 

26 Enero, 2008

Orien

El zumbido llega, enhiesto y electrizante, cruzando el frío océano de relajación donde retoza. Sabe que debería estar trabajando, pero también sabe que el tipo de zumbido no es de control de zanganismo. Aun y todo, desconecta ipso facto el océano violeta y vuelve a lo palpable. A Él no le gusta tener que llamar dos veces.

Orien parpadea lentamente con sus minúsculos ojillos negros y emite sus impulsos motrices. Las ruedas chirrían y la silla biónica que sustituyó hace tiempo a su tren trasero se pone en marcha. Mientras los chirridos entonan su monótona cantinela, recorre a velocidad de crucero los fríos y solitarios pasillos hasta que llega a la enorme puerta. Aún madera.

El portón se abre y la rata gris postrada sobre la silla de ruedas entra, ahora renqueante y remolona, hasta el centro de la estancia junto a la enorme vitrina. Se aclara la voz y no dice nada. Sólo mira a la solución de silicio y sales donde fluye esa maraña de metagigas en destelleantes movimientos, y que ahora adoptan una mueca hosca, expectante.

 -Los informes de contención me ponen la carne de gallina –dice Él con su voz sombría pero musical.

-Estamos a punto de localizarlos. Esta vez no escaparán, señor –repone Orien mientras empieza a girar chirriante en torno la vitrina.

-¿Qué tienen? ¿Qué les dan a esos malditos titiriteros? Hay que aplastarlos cuanto antes, no me fío de ellos. Siempre siguen ahí. Siempre siguen ahí.

-Si se me permite…

-¡No! ¡Las Fuerzas ahora no sirven para nada! Tristeza neuronal animal.

-Yo…

-Calla. Avisa a la Asamblea y que preparen un comité de propaganda sensorial. Tienen que destruirse entre ellos.

-Pero… -una mirada taladradora le hace callar.

-Vete. Avísame cuando estén listos.

-Sí, señor.

Orien vuelve a chirriar y enfila la gran puerta. Ya en los pasillos, chasquea casi imperceptiblemente los dientes. Las Fuerzas de Impacto siempre le traen algo de recuerdo. Un trocito de cráneo o un jirón de retina, un detalle, un juguete para llevar a sus hijos por la noche a la vuelta al hogar…

 

 

16 Enero, 2008

s.l.

-Cállate y date la vuelta.

Se dio la vuelta, cerró los ojos. Sintió la larga y dura uña bajando, electrizando su espina dorsal. Un escalofrío. Luego sintió el acero, frío, ardiente. Aquí allí. Tensó las ligaduras de las muñecas cuando notó el minúsculo corte. Brotó entonces la pesada, caliente, gota de sangre. Con esto, sus rodillas flojearon y cayó sobre la mullida alfombra.

Él simplemente se montó a horcajadas y continuó con la labor.

 

8 Enero, 2008

Pretty Woman

Hay niebla en el parque. Son las cuatro de la mañana de un día cualquiera y él pasea echando vaho como una locomotora pausada, haciendo tiempo mientras se seca el suelo de casa tras la exhaustiva limpieza patrocinada por otra noche de insomnio.

No hay ni un alma. Entonces, un claxon. Casi salta del susto. En décimas de segundo se barajan opciones imposibles, mientras se va codificando la información: un coche blanco, desconocido, una melena rubia que se inclina sobre el volante para mirarle por la ventanilla.

La realidad toma forma. Una prostituta que vuelve a casa e intenta hacer la última carrera. Sin pensarlo, mira al vacío derredor y se dirige al coche. La melena se vuelca sobre asiento y baja la ventanilla. Hola guapo, sube. Él sube.

El semáforo se pone verde y el coche arranca. Él sólo responde con monosílabos. Que te va a dar un frío. Cómo te llamas. Te hago una cosita rapidita ahí delante. Ella agarra la palanca de cambios y luego osculta la entrepierna del copiloto, que empieza a cobrar vida.

El coche vuelve a internarse en la seminaturaleza, se para. Entonces él la mira de reojo. Pensaba que esas pelucas sólo salían en Pretty Woman. Tan rubia, tan de mentira. De cerca, la cara es algo parecido a horrible, pero ya está casi empalmado y ahora sólo importa eso.

Polla fuera, labios calientes, los cristales empiezan a empañarse. Él cierra los ojos y cuando los abre sólo ve esa peluca que sube y baja. Hace tanto, tanto, tanto que apenas dura un asalto. Ella se lo traga todo, no quiere manchar el coche.

Polla dentro, fuera el billete que siempre lleva al parque por si acaso. Sabe que con eso llegaba para mucho más, pero le paga sin mirarle, sale del coche y se va hacia casa. El suelo debe estar ya bien seco…

 

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