30 Diciembre, 2007

Unas botas naranjas

Marieta tiene cuatro años y nunca ha dicho una palabra. Marieta es una acróbata de preescolar, con invisibles alas blancas, mirada sonriente y ese sempiterno silencio. Marieta tiene millones de pecas y pelo de zanahoria. Una tarde, al bajar del bus de la escuela, entre los eternos edificios enhiestos y apenas sobresaliendo un palmo de la bruma azulada del asfalto, Marieta encontró unas botas naranjas. Sin dudar, se quitó los zapatos y se las puso. Ellas le dijeron a dónde tenía que ir.

Horas más tarde, Marieta llegó a casa y encontró a su madre desquiciada. Sin escuchar la bronca, la pequeña empezó a bailotear, llenando la entrada de barro mientras canturreaba por lo bajini. Era una voz extraña, pero HABLABA. La madre paralizó hasta su menor músculo. Su moño-lápiz se revolvió y se deshizo, dejando retozar el pelo sobre los hombros.

-Puedes hablar…

Entonces sonó la voz, siamesa, en dos tonos armónicos:

-Marieta todavía no quiere hablar. Tenemos hambre y necesitamos un buen baño. ¿Podemos merendar algo?

                            
 

1 Comentario »

  1. Hace ya tiempo que hojeo tus cuadernos. Miro desde la sombra (tapada por un arbusto en el fondo del jardín)

    Este cuento me parece impresionante. Cada vez que lo leo un escalofrío me recorre la espalda…

    por Arilena — 4 February, 2008 @ 1:09 pm



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.

ecoestadistica.com