10 Diciembre, 2007

Los mundos de Micaelah (y III)

Estoy en la 241 y no es un sueño, aunque lo parece. La he encontrado en el pasillo, le he sonreído, le he dicho algunas palabras. Creo que no entiende nada o casi nada de mi castellano balbuceante. Ella apenas habla, sólo algunas palabras en búlgaro que no comprendo. Pero sí he entendido su mirada, he sabido que mi mano calentaba la suya gélida, y he zascandileado cuando me ha llevado a grandes zancadas a su habitación.

Ha cerrado la puerta, nos hemos sentado en la cama. Parece que la compañía es suficiente. Ella me mira, sonríe y parpadea. Tiene unos ojos grandes, profundos, de un azul claro límpido con mínimas vetas oscuras. Esperamos. Dejamos que pase un largo silencio. Entonces yo saco un papel y escribo mi nombre. Lo leo en alto. Lo repito, le explico por signos que soy yo. Ella lo repite, sorprendentemente bien. Luego le invito a que escriba el suyo. Tiene letra de niña. MICAELAH. Yo lo repito, lo digo alto, me levanto y hago el mono canturreando su  nombre hasta que consigo que se ría. Tiene una risa musical, muy bonita aunque oxidada.

El papel sigue dando juego, dibujo un mapa y le marco mi ciudad, luego ella hace lo propio. Dibuja aún peor que yo, pero sonríe mientras lo hace, y eso es más que suficiente por el momento. Es tarde y tengo que irme, las visitas están a punto de terminar. Ella intenta retenerme pero le señalo mi reloj y pongo cara triste. Cuando le señalo un día cercano en un calendario da palmas y salta perdiendo una zapatilla que le queda enorme. En la última mirada antes de irme está sonriendo…

 

Otro día, el mismo verano y el mismo calor. Voy directo a la 241, Gorka puede esperar. Micaelah ha hecho dibujos. Infantiles, con colores y palabras con su letruja. Animales, casas, montes y una nave espacial. Entonces yo dibujo objetos y animales mientras ella adivina lo que son. Se vuelve loca de alegría cada vez que acierta. Aunque  tiramos de mímica, supongo que celebramos algunos aciertos fallidos, pero eso tampoco importa nada.

Cuando paso a la habitación de Gorka, ella husmea por el pasillo hasta que le invitamos a entrar. Ve la tele con nosotros, se ríe con nosotros, mira una revista de cotilleo con la madre. Antes de irme, vuelvo con ella a su habitación. Esta vez saco mi aparato de música portátil de última generación y compartimos los cascos. Elijo una canción para ella, creo que le gusta. Cada vez que empieza otra patalea como una niña, hasta que la vuelvo a poner. Y así sin mesura. Después de escucharla siete u ocho veces, me despido y me mediodeja marchar.

 

El verano empieza a agonizar, Gorka está a punto de volver a Pamplona y Micaelah ya no es un alma en pena por los pasillos. Canturrea, dibuja, me enseña búlgaro, chapurrea el castellano. Y su cicatriz empieza a perderse en su pelo castaño y fino.

Hoy le traigo un regalo. Entro en la habitación y está vacía. Nada. Nada. Nada. La cama impoluta, la ventana abierta, un calor sofocante y nada.

Corro hasta el mostrador de la entrada al pasillo. Qué ha pasado con Micaelah. La enfermera, que me conoce de sobra, me mira fríamente. Me pregunta si soy familiar. Pues no puedo darte ninguna información. Le hablo, le explico todo, le imploro con la mirada pero se cierra en banda. Información reservada a familiares.

Sólo quiero saber si está bien. Sólo quiero saber si está bien. Sólo quiero saber si está bien. Sólo quiero saber si está bien…

 

Han pasado cinco años desde aquella tarde sofocante de verano. Todavía, cuando escucho aquella canción, no puedo evitar acordarme de Micaelah. Algunos días, me la imagino riendo con sus familiares, de vuelta en Bulgaria. Todos, tan felices. Otros días, no puedo evitarlo, porque aún me mira con los ojos abiertos, con esos profundos ojos azules, sólo veo el pijama grande y la sangre, y su cabeza abierta, destrozada contra el pavimento gris que había bajo su ventana.

 

 

2 Comentarios »

  1. Fascinantes los mundos de Micaelah, y eso que empecé a leer por el final…cuentos interactivos, todo un lujo. Enhorabuena por en gramos.
    Besos

    por anónimo — 14 December, 2007 @ 6:11 pm

  2. Bravo! Me conmovió Micaelah. Esperaba yo por estas fiestas un final de boda búlgara y villancicos, pero habrá que conformarse con la duda de adónde iría la pobre chica. Aprovecho para felicitar aquí a Dimitri por su relato “En Gramos”, lo he vuelto a leer y me sigue pareciendo genial. Por cierto, desde Argentina, che, Feliz Navidad!!!

    por La Piedra Cerebral — 25 December, 2007 @ 8:52 pm



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.

ecoestadistica.com