En efecto, The Red Pizpirette observa la jugada desde muy cerca, temiendo lo peor de la pérfida Ni-nah. “Tenía que tener hoy sus clases de claquet” piensa The Red frunciendo el ceño, “¡esta Minine me tiene frita! Tendré que enfrentarme sola a esta mala gente…” Y et voilà: en un alarde de flexibilidad, y superando todas sus vergüenzas, saca a relucir –lo que se dice relucir literalmente- una mínima parcela de su nalga derecha.
Un blanco destello de luz cruza todo el estadio. La mirada extraviada y estrábica de Barbettone, por supuesto, no lo pasa por alto. Automáticamente, su cerebro y su hocido empiezan a salivar, y en pocos minutos el recinto entero se pregunta qué está pasando. Por qué ha parado la música y qué pasa allí delante.
Poco después, se anuncia la aparición estelar de una antigua colaboradora de la banda. The Red Pizpirette sale a escena, entre vítores y aplausos. Su incandescencia facial supera todo lo imaginable. Además, al no disponer de la patentada Nalgarian Pantalonette (que permite los azotes musicales), la joven no tiene más remedio que dejar caer sus pantalones contra el suelo, para sonora alegría del respetable…
Ha llegado el momento de oír la musicidad de las nalgas de The Red Pizpirette, que no las tiene todas consigo. Titubeante, se sube al armazón del instrumento humano y se coloca. La música vuelve a sonar y todo parece marchar bien, sonar divinamente. La invitada pasa lo suficientemente desapercibida, pero la cara de Ni-nah no parece aprobar la nueva situación. “¡Esa rubia hortera se va a enterar! ¡No me la jugará otra vez!”, piensa mientras se lanza a entonar los primeros arpegios de los acordes del mal.
Pero he ahí que The Red Pizpirette está pero que muy atenta, y aprovechando el extasiante solo que Barbettone está interpretando sobre sus nalgas, propinar un rápido y certero arañazo a las posaderas de la Ni-nah. El grito musical de la bruja sónica en todo el recinto pero Barbettone, en su inopia habitual, ni se entera. No hasta que vuelve a las nalgas de Ni-nah y escucha con horror el desafine vocal causado por el dolor Entonces todo se precipita. El concierto se vuelve a parar, se oyen los primeros pitidos, alguien tira un zapato al escenario.
Se monta un revuelo simpar en el instrumento humano. Entre el público, nadie entiende nada… Tras unos minutos de desconcierto, se anuncia la retirada de escena por calambre nalgar de una de las White Nalgarians. En efecto, es Ni-nah quien vuelve a despedirse de alguien con un vengativo puño en alto… El concierto se reanuda y cuentan que fue todo un éxito, dadas las altas cotas líricas alcanzadas por la misteriosa colaboradora de tan refulgentes nalgas…
Y así fue, amigas y amigos, como sin que nadie llegara a enterarse, The Red Pizpirette salvó a miles de personas de caer en el malvado hechizo sónico de Ni-nah. Eso sí, pagó el alto precio de atesorar unas rojas pero que muy rojas nalgas durante varios laaaaaaaargos días…

guaaaao….
por silvia — 19 November, 2007 @ 7:15 pm
jaja que bueno y divertido.
por coyote — 20 November, 2007 @ 1:30 pm
No podrias adjetivar un poco mas, como eran las nalgas de The Red Pizpirette?
Es que no consigo imaginarmelas …
Eres un figura, esperamos impacientes nuevos cuentos
por alga — 23 November, 2007 @ 1:37 pm