13 Noviembre, 2007

Sounds of The White Nalgarians (III)

Ni-nah entra en la casa, moviendo bien sus caderas a diestra y siniestra. Barbettone observa muy atentamente cada movimiento facilitado por aquellos crueles tacones. En silencio, como cuando se muestra una mercancía valiosísima, una nalga refulgente ilumina la estancia y la cara del lobo, donde se dibuja una sonrisa enooooorme que muestra todos sus putrefactos dientes.

“Son unas nalgas sin igual”, piensa Barbettone mientras las palpa y mesura con sus callosas pero habilidosas manos. “¡Abarcan hasta dos octavas y media, increíble!”. Y también pudo comprobar cómo su textura única le permitiría entrar en otro mundo de cabriolas técnicas, renovando así su ya un poco anquilosado repertorio.

Sobra decir que la primera sesión musical entre Barbettone y Ni-nah es todo un éxito.

Con la casual ayuda de sendos accidentes acaecidos a Red Bucles y a Campenille, Ni-nah se convierte en poco tiempo en la White Nalgarian favorita de Barbettone. Y del público. Es la estrella de todos los recitales, la más aplaudida, la posadera mimada del barbudo lobo que, por otra parte, está bastante mayor y no se huele la que se le viene encima…

Fue en un multitudinario recital. El plan ultrasecreto de Ni-nah estaba a punto de llevarse a cabo. En sus años de estudio con el malvado brujo sónico Piotr, habían recuperado y mejorado el Diabolous in Musica, ese acorde maldito y perseguido en el medievo, adaptándolo a los nuevos tiempos. El bueno de Barbettone, extasiado con las nuevas nalgas, no había visto la progresiva inclusión de esas disonancias en sus composiciones. Así, el público presente –aquellas cinco mil personas- estaba a punto de sufrir en sus tímpanos el pérfido conjuro sónico que Ni-nah había preparado durante tanto tiempo. Y estaba segura de que funcionaría, de que el estupor general, primero, y luego la hipnosis profunda iban a sucederse.

Pero lo que no sospechaba  Ni-nah era que entre las primeras filas unos ojos grisazules no le perdían de vista, junto a unos mofletes que se acercaban más y más a la incandescencia…  

 

¿Morirá todo el público? ¿Tendrá algo que decir el ancianete Barbettone? ¿O será la impepinable The Red Pizpirette quien saque otra vez las castañas del fuego? En breve, amigas y amigos, el apasionante final de esta conmovedora historia de nalgas y conjuros sónicos a la que ya le están preparando su telefilm vespertino…

 

3 Comentarios »

  1. The Red Pizpirette, The Red Pizpirette !!!
    Si los mofletes se acercan a la incandescencia no puede ser otra …
    Me gusta lo de impepinable, lo usaba mi abuelo …

    por algaabad — 14 November, 2007 @ 1:42 pm

  2. esto… The Red?

    por silvia — 14 November, 2007 @ 2:14 pm

  3. Iruñas! al fin no temo opinar, aqui la prueba feaciente de que sigo a Red Pizpirette donde quiera que vaya. Oye no encuentro tu email no-sheridiano, reenvíanoslo o jamás recibiras testimonios de la blonde Pizpirette in Brazil. Muxus

    por morasal — 16 November, 2007 @ 2:06 pm



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