9 Octubre, 2007

El sustituto

Cuando se puso a la cola, tuvo un raro presentimiento: aquella vez no iba a ser como cada primero de mes. Una vez en la ventanilla, la voz pastosa de aquella antipática hipopótama confirmó lo inevitable. Soltó un chasquido entre sus desordenadas filas de cansados dientes, esperó unos segundos sin saber por qué y se dirigió a casa.

En el fondo, lo llevaba esperando varios meses. Ahora, sin su dosis de aroma jubilatorio, su fin en el pantano estaba muy cerca. Él, que había sido el cocodrilo más grande, más seductor y más violento en muchas hectáreas a la redonda. Él.

En la parte baja del cenagal, un grupo de chavales que ensayaban su ritual de seducción le increparon. Ni respeto. Se sumergió y dejó que su vista vagara entre las aguas fangosas…

Al llegar a casa, vio cómo ella lloraba en una esquina y no le hizo falta ni oler para saber muy bien quién era el sustituto. Ekain sonrió, ya victorioso, no quiero hacerte daño, viejo.

Y aunque ella le imploró con los ojos y le dijo que le querría igual, él desechó el camino fácil, el de los ojos cerrados, y eligió combate.

Nunca un anciano había vencido a su sustituto a pura mandíbula, y aquella vez no fue distinto.  

 

2 Comentarios »

  1. es triste…
    algún ekain te cae mal?

    por miren-ninaz — 9 October, 2007 @ 5:09 pm

  2. Real como la vida misma.
    Me gusta.

    por alga — 24 October, 2007 @ 5:21 pm



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