En la copa del roble centenario, el pájaro más anciano y más sabio del árbol-ciudad acaba de relatar los recientes acontecimientos. Tiene cara de preocupación. The Red Pizpirette, sentada a horcajadas sobre una rama cercana, bailotea con las botas rojas colgando y le hace preguntas y más preguntas. Algunas incluso sobre pequeños detalles que se diría no tienen importancia alguna.
La situación no es nada buena. Desde hace algunos días, el árbol-ciudad está recibiendo una desagradable visita. Esta comunidad de pájaros, conocida en todo el bosque por su trabajo coral –premiado incluso en certámenes interbosques- se está viendo seriamente amenazada. La responsable no es otra que Ni-nah, la Brujilla Cantante. Una joven y malvada hechicera muy interesada en el aprendizaje de los conjuros melódicos, para lo que necesita capturar a bebés-pajarillo para robarles sus primeras melodías.
Así pues, desde hace una semana se presenta un día sí y otro también en el árbol-ciudad. Enseñada por el inefable mago sónico Piotr, Ni-nah domina las oscuras artes de la cetrería podal. Aquesto consiste en dominar a las aves con movimientos de los pies.
-¡Se las verá conmigo esa Ni-Nah! –saltó en la rama The Red Pizpirette- ¿Y cómo son esos movimientos de pie que tanto os aterran?
El anciano cierra los ojos como queriendo alejar un mal recuerdo.
-Se trata de unos horribles movimientos rítmicos contra el suelo. Nos atraen irremediablemente, sin nada que hacer. Nosotros, los adultos, lo podemos controlar relativamente, ¡pero los más jóvenes caen a sus pies como si fueran fruta madura!
Entonces aterriza junto a él el pajarillo piloto. Lleva puesto un mono de mecánico.
-¿Podrás ayudarnos, señorita Botas de Semáforo? –inquiere a The Red Pizpirette.
Ella se ha puesto de un salto en pie sobre la rama. Luce una pose casi triunfal:
-No os preocupéis, ¡The Red Pizpirette os salvará! Se me está ocurriendo un plan… ¿Qué tal funciona el suministro eléctrico de vuestro árbol-ciudad?
* * *
Hace una espléndida mañana en el bosque. Todo está tranquilo, demasiado tranquilo. En el árbol-ciudad, todos aguardan en tensa calma lo que está por llegar. Y no se hace esperar: el cántico jovial de Ni-Nah se oye desde lejos. Los párajos tiemblan en sus ramas. Se hace un silencio sepulcral.
Ni-nah llega hasta la base del árbol. Para su sorpresa, no está sola:
-¿Quién eres y qué haces ahí?
-Oh viajero, soy un peregrino descansando a la sombra de este buen árbol…
-¡Eres un gato negro con una túnica horrible! ¿Qué pretendes? ¡Ese es mi sitio favorito! ¡¡Fuera!!
-Vaya, lo siento. Pero estoy tan cansado que no puedo mover ni una pata.
-¡Necesito ese sitio para llamar a mis amigos!
El gato peregrino ha cerrado los ojos y empieza a dormitar. Ni-nah se enfurece y lanza un grito musical. Mira con furia hacia las ramas del árbol y se dispone a empezar con sus maléficos movimientos podales desde ahí mismo, un poco más lejos será igualmente efectivo… Pero entonces oye la música. Los primeros acordes de “Campanera” suenan desde dentro del árbol. Ni-nah se pone como una furia. Con la música, su técnica no servirá de nada.
En las ramas, los pájaros se dividen entre los que observan en silencio y los que cantan animados por The Red Pizpirette: “¿Por qué han pintao tus ojeraaaaaaaaaas?”. Es una bella estampa: los pájaros cantando al gran Joselito, unas botas rojas bailando de rama en rama y abajo, una furia de pelo negro revuelto echando pestes hacia arriba. A su lado, Minine representando a la perfección su papel de siesta profunda.
Con el maravilloso estribillo “Dile que pare esa noriaaaaaaaa…” llega el momento. De forma sorpresiva, The Red Pizpirette cae sobre Ni-nah. Al fin cara a cara, se dicen las dos con las miradas. Ni-nah es muy rápida. Saca de su selvática melena un afilado pincho y lo lanza con precisión. Una rápida reacción de las botas rojas evitan una tragedia. Seguidamente, las dos intercambian unos amistosos saludos a modo de crítica estética. Me encanta tu ridículo peinado, a ver hacemos un poquito de deporte, no compres más ropa en el chino, por favor.
-¡Tengo más fuerza de la que crees! –le grita The Red Pizpirette blandiendo bíceps- Te reto a un duelo de meñiques. Si gano, abandonarás el árbol-ciudad y no volverás pero jamás de los jamases. En cambio, si tú vences –intercambio de mirada de pesar con la comunidad pajaril- podrás realizar hoy también tus horribles movimientos de pie.
-¿Y tú te haces llamar justiciera más allá de las lindes del bosque? –le espeta Ni-nah con una amenazante sonrisa- ¡Me mofo! ¡Te reto a un duelo de dedos gordos de pie! ¡Ahí está la auténtica fuerza! ¡Seguro que no te atreves, cobarde!
Nadie puede llamar cobarde a The Red Pizpirette. Absolutamente nadie. Consciente de la pericia podal de Ni-nah y de su pérdida de fuerza sin una bota, acepta el reto. Tiene que ganarle en su propio terreno. Ni-nah se ríe muy alto, saca un extraño bote, bebe un trago de su interior y el combate da comienzo.
Pies en alto, el enfrentamiento es feroz. Ni-nah cuenta con un pie más robusto y más grande que el de nuestra heroína favorita, que lucha sin cuartel, supliendo su menor fuerza con nervio y pericia.
En las ramas, los pájaros no pierden detalle. En la zona oeste, se está empezando a organizar una peña ruidosa que anima el combate. Alguien luce una pancarta de apoyo a The Red Pizpirette. El combate no acaba de inclinarse por ninguna de las dos partes. Las fuerzas empiezan a flaquear. Pero entonces, Ni-nah saca a relucir sus malas artes: en un momento en el que tiene medio dominado al pie rival, coge una pequeña rama del suelo y ataca con un mortífero ataque de cosquillas. ¡Y he aquí que ha descubierto el punto flaco de The Red Pizpirette!
-¡Trampa! ¡Eso no es justo…
Es todo lo que puede decir antes de caer al suelo entre sonoras carcajadas. Arriba, los pájaros se echan las alas a la cabeza: aquello tiene muy mala pinta. Incluso la música se detiene. Por su parte, Ni-nah parece disfrutar sobremanera con aquello… Revolviéndose pero incapaz de huir, The Red Pizpirette intenta sacar su arma secreta de incandescencia facial, pero nada puede hacer sino reírse y reírse como una loca. En poco tiempo la rendición está muy cerca…
Entonces algo vuela como un rayo hacia Ni-nah, un destello blanco que apenas puede ver. Minine, enfundada en un kimono de karate que astutamente llevaba bajo el disfraz, vuela hacia ella soltando un furibundo maullido en japonés. El golpe resuena en la cabeza de Ni-nah y en buena parte del bosque. Ni-nah suelta un grito y cae al suelo. El árbol-ciudad estalla en jubilosos vítores y gorgoritos. Minine se viene arriba y despliega todo su arte, encadenando una sarta de certeros golpes. Sus menudas y rápidas patas dan su merecido a la malvada brujilla cantante, que apenas puede defenderse del aluvión de patadas. En menos de un minuto, Ni-nah es forzada a la rendición e invitada a la retirada. Lo hace blandiendo un vengativo puño en alto.
La alegría se desata. Vuelve a sonar “Campanera”, esta vez cantada por el árbol-ciudad entero. The Red Pizpirette y Minine se funden en un abrazo y bailan felices al pie del árbol. En las ramas, aparecen incluso algunos instrumentos de madera: pequeños tambores, un sonoro organillo, un arpa.
Y cuentan que así empezó una gran fiesta que se alargó durante varios días de cánticos y bailes sin fin…

Campanera!!! Eres un monstruo, segun leia, tarareaba la cancioncilla del “Ruiseñor”, se me han puesto los pelos como escarpias en el momento del duelo.
Sigue asi figura y gracias por hacernos pasar ratos tan agradables.
Un admirador secreto, de Irun, que su hermano vive cerca tuyo……
por algaabad — 31 August, 2007 @ 3:51 pm