11 Agosto, 2007

Tormenta

Susana apagó la luz y se acurrucó en la cama. Las tormentas le daban miedo. Oía la lluvia arreciar contra la ventana y sobre el tejado, encima de su cabeza. El viento ululaba. Se encogió más, tenía los pies muy fríos.

Dejó que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. La luz del viejo farol entraba por la ventana, creando una penumbra que le daba seguridad. Entonces lo oyó: un leve gemido, un aleteo mojado… ¿realmente se oía algo bajo la lluvia? Abrió los ojos como platos y esperó intentando escuchar entre la lluvia. Nada.

Se giró en la cama y allí estaba, una sombra en medio de su habitación. Se levantó de un salto. Era pálido y era joven y era como un niño pero no era un niño. Le miraba a través del cristal, pidiendo ayuda sin decir nada mientras la lluvia caía de su flequillo rubio y resbalaba por su cara.

Ella abrió la ventana y le dejó entrar. Estaba tiritando. Le metió en la cama y le arropó, con cuidado de no lastimarle las alas. Luego le secó el pelo, la frente y la cara. De puntillas, bajó a la cocina y volvió con un vaso de leche caliente. Él lo sujetó con las dos manos y lo bebió lentamente mientras entraba en calor. Empezó a sonreír. Susana le miraba junto a la cama, y pensó que era extraño que no tuviera los pies fríos.

No hubo ninguna palabra. Cuando hubo recuperado el color rosado de su cara, salió de la cama con un gesto felino, le dio un beso en la mejilla, abrió la ventana y salió. Llovía mucho menos cuando Susana le vio echar a volar y perderse entre la lluvia.

Al día siguiente, Susana oyó su nombre y bajó a desayunar. Había colegio. Cuando su madre le vio aparecer en la cocina, ahogó un grito con la mano y dejó caer contra el suelo la  taza de café. Después de años de falsas esperanzas, la cadera de su pequeña de siete años había vuelto a su sitio. Susana ya no cojeaba. La madre se agachó, le dijo “ven” con los ojos y la abrazó, envolviéndola con su mullida bata y sin decir una sola palabra.

 

Regalo navideño para un familiar. Empezó sin forma y con poco que decir, pero acabó -él mismo se fue retroalimentando, ante mis atónitos ojos- alcanzando un punto mágico que tiene su aquel. Ya saben, lo bueno si breve… Y no, no es un ángel.

2 Comentarios »

  1. Buenisimo!! este me gusta un huevo.

    por coyote — 13 August, 2007 @ 10:10 am

  2. Acrata, pasas de un cuento escatologico a este. Cuanto mas cuentos tuyos leo, mas me gustan. Sera que no tengo ni puta idea de literatura ????
    Sigue asi artista.

    por algaabad — 31 August, 2007 @ 4:05 pm



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