10 Agosto, 2007

Manjares

    -¿Las crudités de alcachofas y zanahoria con esa salsa de cacao y menta?
    -Mmmm…
    -¿Y las albóndigas de jamón y paté a la almendra?
    -Ah.
    -Qué trato.
    -…
    -Qué corrección al servir.
    -Ajá.
    -Una impecable selección de caldos, fríos y calientes.
    -Sí.
    -Una decoración plausible.
    -Ciertamente.
    -Hay que reconocer que la comida estuvo a muy buen nivel.
    -Buen nivel, sí.
    -Y así lo haré saber en mi columna.
    -Yo tengo una página. Creo.
    -La sobremesa, en cambio, siempre me aburre…
    -Buf.
    -Malditos vasos de colores, malditas cartas… ¡te puedes creer que nos intentó colocar una baraja de cartas!
    -Je. Baraja.
    -Ahí sí que perdieron unos buenos puntos.
    -Bueno…
    -La tarde siempre es larga. Sigue siendo el problema de todos hoy en día.
    -Laaaaargas.
    -¿Qué hacer tantas horas? ¡La merienda es un oasis que nunca llega!
    -Siesta…
    -Siesta, sí, claro. La siesta siempre está ahí. Pero ¿cuántas horas vas a dormir? ¿Siete? Hace falta algo más para matar todo el tiempo de una eterna tarde.
    -…
    -Tu nunca te aburres, sabes mirar y esperar.
    -Sí.
    -¡La merienda me gustó sobremanera!
    -Brillante.
    -Esos dulces, esa variedad de tés, la selección de bombones…
    -Ah…
    -Sin olvidar la sección de salados, que no estaba mal ideada y presentada, pero por supuesto desechamos.
    -Claro.
    -Cenar pronto, eso sí ha estado bien.
    -…
    -¿Y la gente que ha venido a cenar?
    -Puaj.
    -Qué mal gusto. Qué poco criterio.
    -Lamentable.
    -Llevarse todo así…
    -Pff.
    -La ensalada caliente de setas y nueces en nido de coliflor ha estado sabrosa.
    -Ajá.
    -Y muy lograda la contundencia definitoria de los otros tres platos…
    -Ciertamente.
    -En su punto exacto de pesadez. La morcilla en salsa de avena, la entraña de cervatillo al pesto, la tortilla de melón.
    -Perfecto.
    -He querido gritar de placer cuando sentía cómo se mezclaba todo en mi estómago, cómo empezaba a deslizarse por mi intestino…
    -Maravilloso.
    -Y luego ese eficaz desatascador…
    -Jeje.
    -¡Ah, esto hace que todo merezca la pena!
    -Mmmm…
    -Hace una noche fabulosa, temperatura agradable, un poco de brisa…
    -Aaaah…
    -Y estos increíbles retretes en la azotea del piso diecisiete…
    -¡Mmmmmm!
    -Con estas vistas…
    -¡¡Mmmmmmpgh!!
    -Ah, estás con la parte final de la cena… ¿fantástica la textura, verdad?
    -¡Mmaauuupffg!
    -¡¡Qué delicia para nuestros esfínteres!!
    -¡Ah!
    -Y esta vista, esta brisa lo sublima todo.
    -Ggggggrr.
    -Abajo, el suave bullicio de la ciudad…
    -Mmmm…
    -Habiendo probado esto, los retretes de balcón nunca serán lo mismo.
    -…
    -¡Y los interiores ni te cuento! ¡Qué ordinariez!
    -Uf…
    -¿Tabaco? No, ahora no. Siento cómo se acerca, seguro que ya puede ver la luz al final del túnel. Es el último de hoy. Voy a disfrutarlo con los cinco sentidos.
    -…
    -Viene… ah… ahí viene…
    -…
    -Síiii…
    -…
    -Oh. Aquí está.
    -…

 

Et voilà la incursión escatológica de Dimitri. Cómo no, otro compromiso. Era aqueste el que pretendía forzar a una amiga -brillante narradora- a escribir un cuento. No lo conseguí, pero al menos probé con la técnica del ultradiálogo, que promete,  y saqué una idea idiota que tenía en mente hace tiempo. De todas formas, no me importaría pasar por ese lugar…

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