-¿Las crudités de alcachofas y zanahoria con esa salsa de cacao y menta?
-Mmmm…
-¿Y las albóndigas de jamón y paté a la almendra?
-Ah.
-Qué trato.
-…
-Qué corrección al servir.
-Ajá.
-Una impecable selección de caldos, fríos y calientes.
-Sí.
-Una decoración plausible.
-Ciertamente.
-Hay que reconocer que la comida estuvo a muy buen nivel.
-Buen nivel, sí.
-Y así lo haré saber en mi columna.
-Yo tengo una página. Creo.
-La sobremesa, en cambio, siempre me aburre…
-Buf.
-Malditos vasos de colores, malditas cartas… ¡te puedes creer que nos intentó colocar una baraja de cartas!
-Je. Baraja.
-Ahí sí que perdieron unos buenos puntos.
-Bueno…
-La tarde siempre es larga. Sigue siendo el problema de todos hoy en día.
-Laaaaargas.
-¿Qué hacer tantas horas? ¡La merienda es un oasis que nunca llega!
-Siesta…
-Siesta, sí, claro. La siesta siempre está ahí. Pero ¿cuántas horas vas a dormir? ¿Siete? Hace falta algo más para matar todo el tiempo de una eterna tarde.
-…
-Tu nunca te aburres, sabes mirar y esperar.
-Sí.
-¡La merienda me gustó sobremanera!
-Brillante.
-Esos dulces, esa variedad de tés, la selección de bombones…
-Ah…
-Sin olvidar la sección de salados, que no estaba mal ideada y presentada, pero por supuesto desechamos.
-Claro.
-Cenar pronto, eso sí ha estado bien.
-…
-¿Y la gente que ha venido a cenar?
-Puaj.
-Qué mal gusto. Qué poco criterio.
-Lamentable.
-Llevarse todo así…
-Pff.
-La ensalada caliente de setas y nueces en nido de coliflor ha estado sabrosa.
-Ajá.
-Y muy lograda la contundencia definitoria de los otros tres platos…
-Ciertamente.
-En su punto exacto de pesadez. La morcilla en salsa de avena, la entraña de cervatillo al pesto, la tortilla de melón.
-Perfecto.
-He querido gritar de placer cuando sentía cómo se mezclaba todo en mi estómago, cómo empezaba a deslizarse por mi intestino…
-Maravilloso.
-Y luego ese eficaz desatascador…
-Jeje.
-¡Ah, esto hace que todo merezca la pena!
-Mmmm…
-Hace una noche fabulosa, temperatura agradable, un poco de brisa…
-Aaaah…
-Y estos increíbles retretes en la azotea del piso diecisiete…
-¡Mmmmmm!
-Con estas vistas…
-¡¡Mmmmmmpgh!!
-Ah, estás con la parte final de la cena… ¿fantástica la textura, verdad?
-¡Mmaauuupffg!
-¡¡Qué delicia para nuestros esfínteres!!
-¡Ah!
-Y esta vista, esta brisa lo sublima todo.
-Ggggggrr.
-Abajo, el suave bullicio de la ciudad…
-Mmmm…
-Habiendo probado esto, los retretes de balcón nunca serán lo mismo.
-…
-¡Y los interiores ni te cuento! ¡Qué ordinariez!
-Uf…
-¿Tabaco? No, ahora no. Siento cómo se acerca, seguro que ya puede ver la luz al final del túnel. Es el último de hoy. Voy a disfrutarlo con los cinco sentidos.
-…
-Viene… ah… ahí viene…
-…
-Síiii…
-…
-Oh. Aquí está.
-…
Et voilà la incursión escatológica de Dimitri. Cómo no, otro compromiso. Era aqueste el que pretendía forzar a una amiga -brillante narradora- a escribir un cuento. No lo conseguí, pero al menos probé con la técnica del ultradiálogo, que promete, y saqué una idea idiota que tenía en mente hace tiempo. De todas formas, no me importaría pasar por ese lugar…

